Gutenberg, ¿y tú que opinas?

El libro digital, e-book, está a la vuelta de la esquina. Son cada vez más numerosos los artículos sobre editoriales que comienzan a digitalizar sus fondos y fabricantes que presentan nuevos dispositivos de lectura. Hay crisis, no hay mercado aún y tampoco existe un dispositivo de lectura estándar (Kindle es el más conocido), pero si hay algo muy claro, no sabemos muy bien cuando, pero la revolución digital en el mundo del libro llegará. Y eso, como diseñadores, nos plantea muchos interrogantes. Fotos: Andreu Balius [facsímil de la Biblia de Gutenberg impreso por él mismo en la Universidad de Reading]

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Hasta ahora, la mayoría de artículos hablan únicamente de derechos de autor y editoriales, de la distribución de contenidos, de digitalización de las obras, de dispositivos electrónicos y de algunos otros conceptos, pero de la experiencia de lectura que ofrecerá el e-book a sus futuros usuarios no se dice absolutamente nada. ¿Es un libro “solo” una historia? ¿Perderá la lectura parte de su encanto? ¿Puede un nuevo dispositivo aportar algo más a la experiencia de leer? ¿En que nos afectaba como diseñadores? Demasiadas preguntas sin responder.

Así que nos pusimos como deberes para este verano, pensar en aquellas cosas que se podían perder y las que podíamos ganar, porque teníamos claro que para nosotros como diseñadores y como usuarios, y supongo que para muchos más, un libro no es solo una historia y las palabras que la forman.

Un libro es mucho más, es un compendio de pequeñas cosas que le hacen ser un objeto especial; es la experiencia de distinguir su lomo entre los miles de ejemplares que habitan la estantería de la librería mientras la vista pasea por ella;es el diseño de su cubierta; los colores; las tipografías; la distribución de las columnas de texto; es el tacto del papel o el sonido de las páginas al pasar; el grosor; el peso; la diferencia de formato; la rigidez de sus cubiertas o la tinta de las imágenes y la no tinta de los blancos; los relieves; es el olor de la tinta recien impresa; las anotaciones al margen; las puntas dobladas o los marcapáginas usados una y mil veces; es una colección de post-it destacando páginas afortunadas; el espacio para alojar la dedicatoria de un amigo; o los recuerdos que un día, sin saber muy bien porqué, fueron a vivir entre sus páginas. Un libro es el gusto de estrenarlo o prestarlo, de tener sobre él la firma del autor y la sensación de tener entre tus manos una pequeña obra de arte que puedes disfrutar en cualquier sitio sin depender absolutamente de nada… un libro es un contenedor de experiencias, supongo que tantas como lectores, completando la más importante: la propia historia.

img_7463Por otra parte, da la sensación de que las propuestas actuales de e-books consisten poco más que en digitalizar textos para hacerlos accesibles a través de una pantalla, pero ¿no piensan ofrecernos los fabricantes/editoriales algo más? ¿será suficiente? ¿Nos compensará todo lo que vamos a perder? Está claro que la digitalización de contenidos acercará el libro a más lectores, las barreras geográficas se acortarán y la distribución será mucho más rápida y esperamos barata. Y supongo que muchos lectores estarán dispuestos a cambiar precio por cantidad aunque por el camino se pierdan todas esas pequeñas cosas que a nosotros nos parecen tan importantes, pero también es cierto que existe una parte muy importante de lectores sin acceso a los posibles dispositivos de lectura; portátiles, pdas, iphones, etc, con lo que seguro durante mucho tiempo seguirán conviviendo ambas versiones, igual que en la actualidad hacen los periódicos tradicionales y los digitales. Es evidente que todo esto traerá cambios en el diseño de los libros, ¿pero en que sentido?

Para los diseñadores se abre un mundo nuevo, o por lo menos eso creemos, por dos razones al menos. La primera es que si el libro se populariza a través de sus versiones digitales, los libros físicos deberán hacer un esfuerzo por ser aún más atractivos, por ser más especiales y más objeto de deseo, puesto que su coste será superior y lo que antes eran atributos secundarios como el diseño, el papel u otras cosas que “simplemente” acompañaban a una historia, ahora pasarán a ser mucho más importantes. Coleccionar libros tendrá más valor, porque será menos habitual. ¿Regalarías una tarjeta SD con la última novela de García Márquez o una caja con el libro envuelto en un papel vegetal y con un stamping del título en la cubierta?

La otra oportunidad para los diseñadores, es la de crear un mundo nuevo a partir de la idea de libro digital, la de sugerir nuevas formas de entender la lectura que no sean una simple sucesión de palabras sobre una pantalla LCD, la de diseñar experiencias ¿Os imagináis la posibilidad de que el e-book ofrezca olores relacionados con la historia? ¿y que el tamaño de los textos y la tipografía varíe automáticamente en función del estado de ánimo del personaje y de las sensaciones que cree en el lector? ¿Y poder modificar a nuestro antojo una parte de la historia y que eso varíe el resto del relato? ¿Y la posibilidad de crear interacción en la historia a través de diferentes lectores en red? ¿Y links a las tiendas donde viste nuestro personaje o a fotos de los paisajes por los que transcurre el relato? Y así un sinfín de posibilidades que harían de la experiencia de leer algo nuevo, pero ¿seguiría eso llamándose libro o es otra cosa?

Se abren mil posibilidades y es posible que se cierren otras (algunas webs especializadas predicen la desaparición de las portadas como las conocemos ahora). La digitalización de los libros ha comenzado y seguro que traerá cambios. Pero, ¿estamos dispuestos a perder todo esto en favor de una distribución más rápida, barata y la posibilidad de acumular miles de libros en un pequeño fragmento de RAM? Aunque nos pese, creemos que llegará, pero o nos aportan algo más o nos cuesta creer que en breve un e-book forme parte de la bolsa de playa. ¿Qué pensaría Gutenberg si levantara la cabeza!

  • Disfrutemos mientras el mundo cambia, porque todavía quedan libros para rato, pero hay que estar atentos. Según los artículos que aparecen al respecto en Time y The Economist, los principales usuarios de los libros electrónicos, a mucha distancia de otros grupos, tienen más de 40 años. Así que se me ocurre que, aunque es un mercado muy amplio, tiene una fecha de caducidad puesta, a menos que logre interesar a segmentos de edad más jóvenes.

    Creo que la clave sigue siendo el formato. Kindle sólo vale para leer, no para navegar. Creo que su usabilidad se verá superada en pocos años por otras pantallas. Y me temo que el futuro de los libros, a 50 años vista, está lejos de la tinta convencional y cerca de la tinta electrónica. Será una cuestión de coste, al final.

    Estemos atentos a las pantallas, pero no a las rígidas, sino a las dúctiles y maleables. Tinta electrónica, pero tinta finalmente. Y letras.