La insoportable fascinación por la belleza

Cira amaneció entre montañas. Sus ojos se fijaron en el paisaje y quedó fascinada por la contemplación de la belleza. Rodeada de escalas de grises, verdes, marrones, naranjas y amarillos, disfrutó de los cianes, blancos y magentas que le ofrecían las ventanas de los árboles. No pudo evitar trasladar esos matices a la carta de color e imaginar un gran cuadro que representaba la gama cromática de la naturaleza. La belleza, sin duda, era necesaria.

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Se vistió lentamente, con la consternación del que acaba de sufrir un shock. Hay veces en que la belleza puede sacudir al ánimo, aunque siempre es una dulce sacudida.

En aquel viaje le acompañaba Martina, compañera con la que había compartido la dirección de arte de algunos proyectos.

– «No te vas a creer lo que me ha pasado al levantarme», le comentó a Martina. «¿Recuerdas lo que experimentamos aquella vez que estábamos trabajando en Italia? ¿Cuando quedamos tan satisfechas con el resultado de aquel proyecto?».

– «¿Cómo olvidarlo? Se nos erizó el vello casi al unísono y además recibimos múltiples felicitaciones. Qué gusto da cuando un trabajo sale así. Se cumplen los tiempos, el cliente agradece el trabajo realizado, disfrutas en el proceso, cobras una cifra razonable por el trabajo realizado, es útil para la sociedad… Y además, ¡es bello! ¡Es bonito! Y la sensación que se experimenta en ese momento, es difícil de explicar», contestó Martina al tiempo que un brillo cubría sus pupilas.

– «Yo, particularmente, desde que experimenté aquella sensación no he dejado de buscarla. Desde la niñez la había experimentado en varias ocasiones, pero cuando la experimentas por algo que has creado tú, se vuelve más potente. Algunos la llaman, Kando. Otros sensibilidad. Otros son tildados de estetas, pero siempre confluye la fascinación por algo bonito, por contemplar la belleza. ¡Hay que reivindicar lo bello!».
– «¿Quieres decir que lo feo no tiene cabida? ¿Que todo se ha de diseñar bonito y artificial?», comentó Martina.
– «¿Quién dice que lo feo no es bonito? ¿Quién dice que lo bonito es artificial? ¿Quién dice lo que es bonito?… La belleza está llena de preguntas y su persecución llena de respuestas, porque para alcanzarla hay que perseguirla. Quizá por eso es bella. Y quizá uno de los retos para alcanzarla es sacarla a la luz desde lo oculto…¿A quién no le gusta rodearse de cosas bellas? La belleza es diversa, cada uno la encontramos en diferentes cosas. Pero a su vez cuando algo es bello, todo lo solemos apreciar de una u otra manera».
– «Desde luego, aquella sensación es difícil de olvidar, aunque hay que evitar acabar como Henri-Marie Beyle, experimentador del famoso y controvertido síndrome de Stendhal».
– «Cierto, pero no puedo evitar dejar de trasladar lo que he visto esta mañana al despertar, obra de la evolución de la naturaleza, a las ciudades y objetos que creamos. Al final, todo aquello que creamos, lo que podemos observar en los paisajes urbanos exteriores y en sus espacios interiores en sus comercios, cines, museos, restaurantes, hospitales, universidades, empresas, instituciones, etc. Esas piezas gráficas son los árboles, las nubes y las montañas que he visto hoy al despertar y con lo que convivimos a diario… Y no dejo de sentir esa sensación. ¿No es una suerte tener la oportunidad de poder diseñar esa naturaleza que nos rodea?», preguntó Cira.

Ambas disfrutaron del viaje de regreso, cruzando sus miradas cargadas de complicidad. Al día siguiente continuaron con su búsqueda.