Enric Farrés Duran. Una exposición de mirar

El Centre d’Art la Panera en Lleida presenta Una exposición de mirar, donde el artista Enric Farrés Duran se acoge a los códigos del espacio expositivo con el objetivo de otorgar valor artístico a documentos y objetos que aparentemente no lo tenían. La muestra se puede visitar hasta el 15 de octubre de 2017.

Enric Farrés Duran. Mostrar a quien muestra. Mirar a quien mira
«La memoria es invadida constantemente por la imaginación y el ensueño y, puesto que existe la tentación de creer en la realidad de lo imaginario, acabamos por hacer una verdad de nuestra mentira. Lo cual, por otra parte, no tiene sino una importancia relativa, ya que tan vital y personal es la una como la otra». Con el dedo todavía en este párrafo, en el inicio de las memorias de Luis Buñuel, y mientras me recomienda efusivamente su lectura, pienso que Enric Farrés Duran me está queriendo transmitir una clave de interpretación también del proyecto del que hablaremos a continuación, en su estudio de Sant Cugat del Vallès. Una especie de mensaje encriptado, como los que se ocultan capa tras capa en sus propuestas. Esta misma sensación me atraviesa cuando, en un segundo encuentro, Enric me pasea entre las salas y los pasillos laberínticos de la Escola Massana, donde estudió y donde actualmente ejerce de profesor, sin disimular cierta nostalgia por la sede de un centro que está a punto de mudar de piel. Y en medio de esa caminata improvisada me propone otro itinerario, esta vez una acción planificada que acompañará la muestra y que nos permitirá conocer su relación con Palafrugell, allí donde todo surge y allí donde la relación con Josep Pla, tío bisabuelo de Farrés Duran, se hace más y más estrecha, desde el patio de su escuela, donde realizó el controvertido mural De begades penso en Palafrugell, hasta la barca de madera con la que llevó a cabo El viatge frustrat, remolcado por el coleccionista Josep Inglada, de Cal Cego.

Enric Farrés Duran cuenta ya con un vasto número de proyectos a sus espaldas, y muchos de ellos se pueden consultar en el Centro de Documentación, donde se abre la visita (o quizás se cierra). En cualquier caso, es uno de los espacios clave para adentrarse en el universo del artista. En este, todos los libros han sido girados del revés, en una acción que los unifica, a la vez que dificulta la identificación de sus títulos, y dirige la atención del visitante a la selección de publicaciones y la documentación videográfica que acompañan los proyectos más destacados del artista. Entre las páginas de las múltiples publicaciones se nos invita a leer los textos que críticos y comisarios han escrito sobre su trabajo y que de algún modo contribuyen a definir su identidad artística.

Los libros girados inician la exploración del reverso de lo que nos es conocido, y que será, de hecho, uno de los ejes que vertebrará esta exposición, en la que Enric Farrés Duran se apropia de dispositivos comunicativos y museísticos asociados a autores de renombre y nos invita a mirarlos de otro modo, con la finalidad última de analizar y cuestionar los mecanismos que otorgan valor al hecho artístico.
Enric Farrés Duran. Mostrar a quien muestra. Mirar a quien mira

El título de la muestra —Una exposición de mirar— rinde homenaje a los títulos con los que Hans-Peter Feldmann denomina sus propuestas para confirmar lo que podría parecer evidente: que los espacios son espacios de autoridad que se rigen por una serie de convenciones que señalan que lo que se expone es arte, y que la presentación de las obras para que el público las observe implica su legitimación como tales.

Así, Enric Farrés Duran se acoge a los códigos del espacio expositivo con el objetivo de otorgar valor artístico a documentos y objetos que aparentemente no lo tenían, como el mensaje cotidiano en el que Josep Pla pide a Pere, su hermano, que de 3 500 pesetas a Adi, su compañera. Un original no catalogado de un manuscrito inédito no literario del escritor que en este nuevo contexto se resignifica gracias al gesto deliberado de enmarcarlo, exponerlo e iluminarlo.

En la primera sala, la reproducción a escala del banco que Richard Meier produjo para el Museu d’Art Contemporani de Barcelona permite la contemplación de una pintura sobre madera de gran formato con claras reminiscencias al expresionismo abstracto. En este espacio, banco y tablero comparten protagonismo. Uno, mobiliario expositivo queridamente artistizado por el arquitecto en el gesto de alterar la ubicación habitual —o incluso razonable— de las patas, hasta el punto de que, para continuar garantizando su estabilidad —y por lo tanto, también su utilidad—, tuvo que incrementar sustancialmente su peso. El otro, una de les cinco pinturas que se pueden contemplar en la exposición. En estas, la ejecución espontánea y la expresión libre toman forma en intensas composiciones, en las que conviven el trazo, el empaste, las manchas, la pintura goteada y el collage.

Cuando, más adelante, otras pinturas de la serie son expuestas delante de caballetes goteados de pintura, o cuando estos caballetes cobran utilidad y se convierten en mesas vitrina, es cuando surgen todas las dudas sobre qué es aquello que observamos, y por qué se presenta en este contexto del modo que se está haciendo. Y es entonces cuando tenemos que recordar el título del conjunto —«Una exposición de mirar»— con el que Enric Farrés Duran sigue los pasos de John Berger y provoca una revisión del enfoque tradicional del arte para explorar hasta qué punto las maneras de mirar afectan el modo como interpretamos las cosas.
Enric Farrés Duran. Mostrar a quien muestra. Mirar a quien mira

En la siguiente sala, estas vitrinas presentan una compilación de fragmentos de periódico sin un orden aparente. Se trata de recortes seleccionados del archivo de Leandre Cristòfol, que custodia el ya centenario Museu d’Art Jaume Morera, de entre aquellos artículos de prensa que anunciaban o hacían crítica de las muestras y los trabajos del escultor y que él cuidadosamente coleccionaba y clasificaba. Recortes que Enric Farrés Duran aísla de los álbumes aterciopelados que los contenían y los presenta intencionadamente, enseñando la información que se encuentra al otro lado, en una acción que, además de dar testimonio, de modo parcial, del contexto histórico y social de Cristòfol, encubre y casi imposibilita la lectura de aquellos escritos que han contribuido a construir el valor del escultor leridano, y que solo podremos leer si nos agachamos y metemos la cabeza bajo la mesa acristalada.

Siguiendo el curso de la muestra, los cristales de las vitrinas que albergaban los artículos dan ahora un giro significado para pasar de la posición horizontal a la vertical y acomodarse dentro de otro dispositivo museográfico de autor, el que Lina Bo Bardi proyectó para el Museo de São Paulo en el año 1968 y que tiene la particularidad de hacer visible la parte de detrás de la obra que se cuelga. De este modo, Bo Bardi buscaba exponer el objeto con toda su tridimensionalidad y, al mismo tiempo, revelar las vicisitudes que han dejado huella en él a través de las etiquetas de registro, desde la ficha técnica que lo describe hasta sus itinerancias y restauraciones, así como la identificación de los distintos actores que lo han intervenido a lo largo del tiempo. En definitiva, convertía la imagen pictórica en un objeto para la historia. Enric Farrés Duran reproduce varias versiones del dispositivo original y las presenta como un conjunto escultórico descargado de toda funcionalidad. Si con la representación de la cara oculta de los textos críticos de Leandre Cristòfol hacía un gesto iconoclasta que tenía la pretensión de desdibujar la construcción del reconocimiento artístico, ahora busca cargar de valor mobiliario de autor, como el banco de Meier o las construcciones de Bo Bardi, que a priori no eran más que simples soportes museográficos.

Solo el último de los dispositivos de la arquitecta cumplirá su objetivo primigenio. El cristal de este dispositivo permite identificar la parte posterior de un Alexander Calder que, al darle la vuelta, descubrimos inexistente. Se trata únicamente del marco y el panel posterior que en otro momento habían enmarcado un trabajo de Calder, pero que actualmente se encuentran vacíos. Y mientras contemplamos el dorso del cuadro, quizás también nos encontramos en el reverso de la exposición en la que Enric Farrés Duran nos ha invitado a mirar de otros modos. La pared final de la muestra es el último de los dispositivos expositivos afectados por el artista; aquella pared que según Georges Perec da sentido a la existencia de los cuadros que se cuelgan en ella. En la muestra, la pared destripada deja al descubierto la parte de detrás del primero de los tableros pintados que se nos presentaban, del mismo modo que el cristal de Bo Bardi lo hace con el Calder que está justo enfrente.

Camuflados tras el muro, y tras el propio objeto pictórico, se nos incita a adoptar la actitud del voyeur y acercar el ojo al agujero para espiar a esas personas que contemplan la obra, como nosotros hemos hecho al inicio del recorrido. Mientras que en el filme Psicosis, de Hitchcock, el personaje que interpreta Anthony Perkins descuelga un cuadro para espiar a través de un agujero en la pared a las mujeres que se duchan al otro lado, en la exposición el cuadro se convierte en nuestro cómplice activo, aquel que reclama la atención desde el otro lado. El mismo que ha sido también el traidor a quien nada más hace un rato hemos admirado, desconocedores de la trampa2 que nos tendía; una trampa que todo lo cambia, porque nuestra capacidad de apropiación a través de la mirada se ve alterada cuando descubrimos otra mirada que nos mira. Es en este acto reflexivo de vernos mirados, dice Jean-Paul Sartre, cuando nos damos cuenta de que hay algo que no se deja reducir a ser un mero objeto observado, sino que abre la posibilidad de un espacio de intercambio. En «Una exposición de mirar», el ciclo se cierra gracias al hecho de que la propia mirada se convierte también en una mirada ajena para el otro. Una mirada que mira a quien mira, con la sospecha irresoluble de haber sido también espiada. La mirada del otro como el reverso de nuestra propia mirada.

Cèlia del Diego

Una exposición de Josep Pla, Richard Meier, Leandre Cristòfol, Lina Bo Bardi y Alexander Calder. Una exposición de Enric Farrés Duran.

Qué: Enric Farrés Duran. Una exposición de mirar
Dónde: El Centre d'Art la Panera (Lleida)
Cuándo: Hasta el 15 de octubre de 2017
→ www.lapanera.cat