Carta de un diseñador a un cliente

Cira iba andando por la calle, acababa de enviar una carta a uno de sus clientes. Siempre creyó en la balanza de que hay que ser agradecidos y honestos al mismo tiempo.

Querido Cliente:

Ante todo quiero agradecerte la confianza que depositaste en nosotros el día que decidiste comenzar nuestra relación. No es fácil que una relación tan intensa como es la nuestra perdure en el tiempo y he de decirte que estamos muy satisfechos de los proyectos que hemos realizado en conjunto. Y digo en conjunto, porque siempre hemos creído que la base de un buen proyecto casi siempre se sostiene por la colaboración estrecha con un buen cliente.

Podríamos decir que detrás de un buen proyecto casi siempre se esconde un buen cliente… Y un buen diseñador, claro. Estamos también muy contentos de la evolución de nuestra relación. El camino para llegar donde estamos ha sido duro y a veces muy estresante. Es más, hubo muchas veces que estuvimos a punto de cortar nuestra relación, no lo neguemos, y otras muchas que contamos hasta cien antes de darte una respuesta, pues si ésta hubiese sido inmediata mucho me temo que a día de hoy no estaríamos aquí.

Aún recordamos tus extrañas peticiones en los inicios cuando nos decías que querías: «algo fresco», «novedoso», «moderno» o «impactante». Y con infinita paciencia te explicamos una y mil veces que esos ‘botones’ no los teníamos activados en nuestro ordenador y lo que necesitábamos eran las respuestas a las preguntas que te habíamos enviado.

También recordamos tus reticencias a firmar un contrato y abonar un importe por adelantado argumentando que eso era una muestra de desconfianza y que además las cláusulas que nos habíamos inventado eran una barbaridad y que tu departamento jurídico jamás iba a aceptar. No tuvimos problema en hablar con tus abogados en varias ocasiones para explicarles con toda la delicadeza del mundo que realmente nos habíamos limitado a transcribir extractos de la Ley de Propiedad Intelectual y que las leyes no las habíamos inventado nosotros… Ay, si las pudiésemos inventar nosotros, ¡otro gallo cantaría!

Con lo del adelanto, mira que nos costó hacerte entrar en razón, pero a base de simpatía y hacerte ver que éramos profesionales que trabajábamos con rigor, finalmente accediste a cumplir con nuestras normas. Aunque te empeñabas una y otra vez en confundirnos con un centro comercial y venga a enviarnos mails preguntando que si te íbamos a devolver el dinero si no te gustaba el diseño. Invertimos grandes dosis de nuestra energía en explicarte cómo funcionaba esto hasta que pareciste entender… aunque siempre hemos pensado que en realidad lo que haces es disimular que entiendes y de alguna manera aceptarlo.

También recordamos con cariño todo el tiempo que nos has dedicado, con todas aquellas llamadas al final de tus ajetreadas jornadas, a veces cercanas a la noche e incluso haciéndonos partícipes de tu familia… Siempre supimos que nos tenías cariño.

Más de un lunes nos comentaste que nos habías llamado el fin de semana ya que durante la comida familiar habías estado revisando nuestra propuesta y había disparidad de opiniones. Es cierto que nunca respondimos a tus llamadas ni mensajes pero, entiéndenos, somos respetuosos y nunca quisimos entrometernos en una discusión familiar.

También queremos agradecerte todas aquellas comidas a las que nos invitaste, más siendo conocedores de la delicada situación en la que se encontraba tu empresa que siempre se veía obligada a recortarnos los presupuestos, deleitamos excelentes manjares y descubrimos restaurantes de 100 € el cubierto. Esperamos que no te sintieses molesto aquel día que se nos escapó que no entendíamos tales dispendios si la empresa estaba tan mal. Seguramente nos invitabas con tu economía personal.

¿Recuerdas aquella discusión tan tonta que tuvimos? Te empeñaste en que un pdf no era vectorial y en que no lo podías utilizar para imprimir un cartel de 2 metros.

Y no podemos olvidar aquella gran decepción que sufriste el día que decidiste prescindir de nosotros. Tú habías aprendido mucho y con la ayuda de un estudiante podríais montar un gran equipo y hacer grandes proyectos. Nosotros siempre defendimos el trabajo del estudiante, pero claro no estaba preparado para poder realizar el trabajo que normalmente hacía un equipo de siete personas. Fue una pena porque en el fondo tú tenías grandes esperanzas.

Esperamos también que no te sientas molesto por nuestras preguntas cada vez que convocas una reunión. Siempre es un placer verte y nos encanta reunirnos contigo, además siempre aprovechamos para conocer gente pues no dejan de entrar en nuestra sala. Pero a veces al querer que nos veamos varias veces a la semana nos despierta curiosidad. Esperamos que lo comprendas.

Respecto a la frase que escribiste el otro día en uno de tus mails en el cual me comentabas que el diseño es un valor añadido, siento decirte que no estamos de acuerdo. Nosotros lo dejaríamos en un valor en sí mismo. No hay nada de añadido.

Día a día seguimos acumulando recuerdos y anécdotas y finalmente tenemos que felicitarte pues con el tiempo has sido capaz de comprender cosas que para nosotros eran básicas y de sentido común pero por lo visto para ti no tanto… Aunque he de decirte que nos preguntamos a menudo qué hacemos aún trabajando para ti. Te habremos cogido cariño ya que te aseguro que a otros clientes no les aguantamos ni la mitad.

Nos vemos en la reunión del lunes!

Con cariño, Cira.

  • No hay diseñador que no haya vivido esto una y otra vez… todos podríamos escribir esta carta.

  • nacho

    En cuanto a lo de valor añadido o en si mismo, yo creo que el diseño vale lo que el cliente decide pagar, hoy en día impera el háztelo tu mismo, así que ni lo uno ni lo otro, vamos que los diseñadores gráficos ni podemos ni debemos subirnos a la parra, todo en su justa medida.

  • df

    Yo añadiría también lo de inflexibilidad a la hora de exigir el envío de propuestas o artes finales en el tiempo acordado, pero la inexplicable relativización del tiempo el día del vencimiento de las facturas…