Blue Note: Lecciones de estilo en portadas de 12”

Hablemos de clase, de chorros de elegancia desbordados de saxofones nocturnos en clubes de jazz en mitad de los 50. Inevitablemente estamos hablando de Blue Note y de la impronta que dejó su sello en la historia de la música y del diseño.

1-GeniousOfModernMusic

Blue Note fue la intención hecha realidad de un apasionado del jazz llamado Alfred Lion y de su socio, el músico, escritor y productor Max Margulis, quien hizo posible la discográfica gracias a su capital. Ambos, alemanes emigrados de pensamiento liberal, comenzaron en 1939 a grabar para algunos artistas de swing y jazz tradicional o, al menos, lo que entonces se llamaba jazz tradicional, en vinilos de 10” sellados con la serie 7000. Pero la verdadera identidad de la compañía no empezó a gestarse hasta los años 50, los años en los que voces negras empujadas por el movimiento de los derechos civiles buscaban independencia de la visión tradicional blanca, comercial y racista. Y ahí estaba Blue Note, junto con Savoy, Atlantic o Prestige; estudios independientes y ‘libres’ que ofrecían a los músicos la oportunidad de plasmar sin condiciones la emergente cultura del jazz en los nuevos formatos de 12”.

Blue Note destacaba entre el resto de los estudios por su particular flexibilidad y atención hacia los músicos, con quienes grababa en sesiones sin interrupción entre el humo y el alcohol servido y trasnochado a altas horas de la madrugada tras terminar éstos sus actuaciones en los clubes nocturnos. Pero además de sentirse cómodos, Lion y su equipo, entre los que ya estaba el productor Rudy Van Gelder y el fotógrafo Francis Wolff, vestían cada grabación con carátulas cargadas de intención, lejos de la costumbre de hacerlas rápidas y baratas que se veía en el mercado.

En las palabras del propio Lion se puede destilar la característica que consolidó al sello: «Los discos Blue Note están diseñados simplemente para servir a las intransigentes expresiones del Hot jazz o del swing en general. Cualquier estilo particular de tocar que represente una auténtica vía de sentimiento es genuina expresión. La virtud de su significado en lugar, tiempo y circunstancia, posee su propia tradición, estándar artístico y audiencia que lo mantiene vivo. Por tanto, el Hot jazz es expresión y comunicación, una manifestación musical y social y el interés de Blue Note es potenciar este impulso, no su sensacionalismo ni adorno comercial».

Fueron varios los diseñadores por cuyas manos pasaron las portadas de Blue Note plasmando para la historia la búsqueda del lenguaje visual que la discográfica andaba persiguiendo. Paul Bacon, Gil Mellé y John Hermansader comenzaron ilustrando los primeros 10” contando, o ‘mal-contando’, en algunas ocasiones con las fotografías de Wolff, amigo de la infancia de Lion, que ya demostraba un carácter en su trabajo que más tarde sería una de las claves de la identidad de los LP’s salidos del estudio de grabación.

Quizá por el estilo tan local en tiempo y forma o quizá por la genialidad de lo que vino después, lo que es cierto es que las portadas de la 7000 y la serie que la continuó, la 5000 no han sido las más recordadas de la época y tampoco consiguieron definir la calidad gráfica que el estudio buscaba.
lou donaldson

Y llegó la 1500
En 1955 Blue Note lanzó la legendaria 1500 modern jazz series y explotando con ella el Hard Bop style de músicos que ya eran figuras y otros que lo serían, de un Thelonious Monk consagrado y libre para experimentar; un organista llamado Jimmy Smith; un joven John Coltrane o Sonny Rollings. Y, en definitiva, otras tantas figuras que hoy son leyendas de la música.

Para las primeras portadas de esta serie, Lion contó con Hermansader quien trajo de la mano, en calidad de ayudante a un desconocido Reid Miles, diseñador freelance colaborador de publicaciones como Esquire y que pronto se hizo cargo de toda la producción gráfica de la firma, recogiendo el testigo de su padrino en intenciones y superándolo en la forma. Fue él quien consiguió desarrollar el lenguaje libre de normas que desbordaban los instrumentos de Blue Note apoyándose en unos pilares fundacionales como eran la completa libertad y expresión artística defendidos por unos jefes entusiastas. Basta un rápido paseo por el archivo online de Birkajazz www.birkajazz.com para comprobar el salto gráfico dado en los discos de la 1500, y ya de paso apreciar la evolución de Miles como autor, disfrutando al ver cómo se le suelta la mano en cada disco combinando de manera maestra la expresiva fotografía de Wolff con elementos gráficos orgullosos y tipografía desmedida creando portadas absolutamente sólidas donde no cabe el análisis diseccionado de los elementos que la forman.

Quizá fuera por la historia que traía Reid Miles en su trayectoria como diseñador de publicaciones, revistas o packaging y su contacto directo con la realidad tipográfica de la Norteamérica de los 50 en la que las tipos sans-serif eran las protagonistas; o quizá el hecho de que para Miles, cada disco era un juego a resolver rápidamente, donde nada más había un briefing y 50 dolares a pagar. Y es que el diseñador no era un gran entusiasta de la música para la que trabajaba y muchos de los discos que recibía como pago en especias los acababa regalando a sus amigos o cambiándolos en tiendas por vinilos de música clásica. Este hecho, que puede pasar como una mera anécdota no hace sino acrecentar el valor del trabajo de Reid Miles quien conseguía resultados brillantes en sus carátulas, perfectamente ajustadas a la música que contenían; citando a Felix Cromey en Blue Note: The Album Cover Art: «Miles hace sonar a la portada como si supiese lo que contiene para el oyente, un diseño abstracto que insinúa las innovaciones, las notas frescas y las implicaciones simbólicas en el sólo uso de una tipografía y un tono». Esta afirmación queda subrayada al observar como Miles, a su vez, subrayó el trabajo de Thelonius Monk en una de sus primeras grandes portadas: Genius of Modern Music. La ruptura del nombre Thelo–Nious, bajo una fotografía pequeña en comparación pero que se extiende hasta ocupar toda la parte central del 12”, supuso una ruptura de todos los moldes, tratando las sílabas como bloques visuales que representaban tan bien el trabajo libre con el que el músico estaba experimentando.

Puede que ahora, cuando ya es una leyenda, nos sea fácil valorar la calidad del virtuoso de Miles pero basta comparar, y sí, las comparaciones son odiosas pero a menudo son el mejor ejemplo, el Blowing in from Chicago de J. Gilmore diseñado por Harold Feinstein, con fotografía de Wolff, con el trabajo del mismo año Hank Mobley Quintet diseñado por Reid Miles, también con fotografía de Wolff, que no es ni de lejos una de sus mejores portadas, pero la distancia entre una y otra es abismal en términos de equilibrio, jerarquía y estilo. La portada de Miles es un todo donde nada sobra. Músico, instrumento, tono y texto fluyen conjuntamente a la perfección.

cliff-jordan-hank-mobley

Los diseñadores holandeses del estudio Experimental Jetset conocedores como muchos otros del trabajo de Miles lanzan una pregunta para la reflexión, Y es que, para ellos, lo verdaderamente interesante es ver como un diseñador que realmente consiguió capturar la esencia de su tiempo estaba, a su vez, tan desconectado de esa misma esencia, refiriéndose al desconocimiento y desinterés de Miles por la música jazz. Añaden que quizá sea la distancia y no el contacto lo que «crea» al diseñador.

Esta distancia que nombran los holandeses también la referencia, en cierta medida, Richard Cook en el libro Blue Note The Biography asegurando que Miles nunca se limitó a un sistema o norma gráfica ni a ninguna tipografía y que solo intentaba que sus portadas sonasen tan potentes como la música que contenían —atención especial a la portada A New Sound-A New Star de Jimmy Smith; la de Herbie Nichols Trio; o la absolutamente genial Sonny Rollins como muestra de la potencia visual que supo conseguir—. Para ello se quedaba con lo bravo, con la respuesta sencilla y la solución sin derivaciones propias que hubiera tenido un empeño excesivo por parte de un entendido del jazz en capturar el concepto o escoger entre demasiadas posibles aproximaciones.

Miles se bastaba con las tres tintas, en discos perfectamente compuestos donde el blanco entre elementos era un elemento más, y en ocasiones el más importante (Sonny’s Crib de Sonny Clark). Fotografías saveur noir de gran calidad aportadas por el perfecto compañero gráfico, el fotógrafo Francis Wolff con el que formó una dupla diseño-fotografía difícilmente superable. También ejerció como director de arte encargando ilustraciones a un todavía desconocido Andy Warhol (Blue Lights de Kenny Burrell). En definitiva, Miles llegó a ser el prodigioso solista gráfico que proveyó a Blue Note de la modernidad y potencia visual que ya tenían sus músicos.

Dexter Gordon, portada del disco 'Go'A finales de los años 50, comenzó la serie 4000, la que es considerada la serie de las obras maestras de Miles. Estos fueron los años de máxima expresión del diseñador, quien a la vez que los artistas para los que diseñaba, cada vez se sentía más libre y supo combinar a la perfección estética moderna y personalidad única en cada disco equilibrando los trabajos puramente tipográficos como el Us Three de Horace Parlan o el soberbio Go de Dexter Gordon con aquellos en los que la fotografía de Wolff destacaba en completa ilustración de poderosa sencillez como el The Sermon! de Jimmy Smith. Y podría seguir citando discos admirando su exquisita ejecución gráfica, algunos incluso en los que el mismo Reid Miles realizó sus propias fotografías buscando una dinámica que, probablemente, no sabía cómo pedirle a Wolff, o puede que este no pudiera hacer y Miles se le adelantase, pero el caso es que la historia ya estaba escrita y Miles formaba parte de ella, de la gráfica y de la música.

Reid Miles trabajó para Blue Note hasta 1967, año en el que el mismo Lion dejó la compañía por motivos de salud. Tras esto, los años de gloria fueron muriendo poco a poco y el mítico sello pasó de mano en mano hasta recalar hoy en Universal Music siendo un atisbo de lo que un día fue: puro arte.

sony-rollins-kenny-burrell